Nuestro lenguaje
cotidiano, basado en una serie de algoritmos simbòlicos, el cual ahora uso para manifestarme o expresarme, no hace más que
describir un aspecto fundamental de los seres humanos: estamos sometidos a una
comunicación que se aleja de las sensaciones.
¿Por qué?
Una generación
sensibilizada es más peligrosa que cualquier ejército o grupo de poder. En consecuencia, las sensaciones están aisladas del uso sistemático de la gramática o
palabras simbólicas que a la vez construyen un techo para nuestra imaginación,
impidiéndonos apreciar el espacio dínamo infinito generador. Este sistema está
configurado desde el aspecto más mínimo y se viene desarrollando sin ningún
problema o quiebre que le impida parar.
Las artes: música, poesía
y pintura son piezas medulares para la revolución del nuevo lenguaje que nos
hace crear o maquinar "imágenes" que escapan a la encadenada monotonía del sistemàtico uso de la palabra.
El miedo, la plenitud son claros
ejemplos de algunas sensaciones que no pueden ser representadas con fidelidad,
en una descripción donde se usa como medio la palabra. Es más, todo esto es
solo un mero intento de poder expulsar sensaciones de inconformidad del
lenguaje comunicativo que se simboliza a través de la palabra. Es imposible no
comunicarse, pero es más aún, no desarrollar otras formas de comunicación y eso
se puede lograr cultivando los sentidos, en el especial el auditivo. La música
es un lenguaje que nos transmite y canaliza a una mejor visión y creación de
nuevas imágenes, inexpresables claro, en la palabra.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario