sábado, 3 de diciembre de 2016

Relojería y otras dictaduras

"Que el tiempo de los encantos es un baile de máscaras,
y nada vale rehuir a su hechizo.
Las personas son máscaras; y las acciones juegos de emascarados.
Los deseos, contribuyen al desarrollo normal de la farsa.
Los hombres denominan toda esta multiplicidad de seres y fenómenos,
y consumen el tesoro de sus días disfrazándose de muertos." 

La poesía es mi lengua - Gonzalo Rojas

Por mecanismos del azar, tropiezo con un amigo comentando que estudiantes de arte retroceden relojes en la estación central de Zurich. De inmediato recuerdo la entrevista -o diálogo- entre: Borges, Paz y otro escritor mexicano que no recuerdo el nombre. 
Se enfocaban en la intervención del 'tiempo' en la poesía; de como algunos poetas escriben para remembrar el pasado, otros para capturar el instante y otros para visionar un futuro. Ahora, creo que esa percepción de fraccionar el tiempo es atrevernos a manipular, reinventar cualquier concepto a nuestra manera (con el único fin de arrastrar su significancia a nuestro interpretación). Ese extraño egocentrismo de universalizar nuestra subjetividad. Uno celebra encontrarse con este poscicionamiento contra los conceptos instaurados como el tiempo, que nos han sido implantados incluso antes de surgir como seres elementales para lo social. En la actualidad, la concepción de tiempo pesa demasiado, agobia, cansa. Pero no es un concepto individual, es una universalidad en correspondencia a sí misma y en relación a otras funciones como el trabajo. Toda esta totalidad, que dirigida por el eje central (tiempo), viene hermanada con factores de límites, control y vigilancia: calendarios, contratos con fechas determinadas, relojeria de muñeca, horas determinadas de salidas del tren, etc. 
La dictadura del tiempo se ha configurado a modo de cárcel conceptual, de idea; esta se ha desarrollado en el movimiento de la aguja, ese pulsar de reloj mecánico que ordena y coacciona cualquier determinación natural del hombre. 
La naturaleza también ha hilado su propia composición de temporalidad; no en función de disciplina, si no, en el de bifurcación y deserción constante. Una suerte de armonia nómada, que vibra en su matemática lúdica. Se me ocurre una historia donde se relate el asalto a toda esa industria de relojeria con sus grandes engranajes izados en los edificios canónicos. La intervención no va por una preocupación de tiempo o espacio, si no, por cuestiones más básicas: revender el metal de las agujas para conseguir alimento y fiesta por unos días.


La persistencia de la memoria - Salvador Dalí

jueves, 17 de noviembre de 2016

Remisión Espontánea

"De hecho, en niños de menos de un año la regresión es tan común que los médicos evitan utilizar la quimioterapia inmediatamente, con la esperanza de que el tumor desaparezca por sí solo."
En alguna u otra medida los conceptos sociales de muerte, dios, temporalidad, no se encuentran tan organizados o consolidados sobre el imaginario de la psyche del individuo(en su condición de infante). Todos estos constructos sociales, que se intesifican en la etapa 'natural' de la adultez del individuo, originan una serie de bifurcaciones emocionales que ponen en constante estado de alerta al individuo.
"Solamente son felices quienes no piensan nunca, es decir, quienes no piensan más que lo estrictamente necesario para sobrevivir. El pensamiento verdadero se parece a un demonio que perturba los orígenes de la vida, o a una enfermedad que ataca sus raíces mismas. Pensar continuamente, plantearnos problemas capitales a cada momento y experimentar una duda permanente respecto a nuestro destino; estar cansado de vivir, agotado hasta lo inimaginable a causa de nuestros propios pensamientos y de nuestra propia existencia; dejar tras de sí una estela de sangre y de humo como símbolo del drama y de la muerte de nuestro ser —equivale a ser desgraciado hasta el punto de que el problema del pensamiento nos da ganas de vomitar y la reflexión nos parece una condena..." Ciorán
Las diferentes situaciones que pueden generar miedo, desamparo, soledad, desesperanza, perturban aun más el equilibrio natural del hombre, fortificando la confusión en el sistema biológico del individuo. El adulto enferma más, está vulnerado la mayor parte del tiempo en un estado de angustia producto de los conceptos que la sociedad va incoporando a su memoria biológica, ese temor enferma la psyche, y la psyche siempre actúa en correspondencia al soma, y al revés.
Ahora, recuerdo a Agota Kristof, cuandice en "La analfabeta": "Las ganas de escribir vendrán más tarde, cuando el hilo de plata de la infancia se haya quebrado, cuando vengan los días malos y lleguen los años de los que diré: no me gustan..." Tal vez el acto de escribir(crear) sea una de las tantas vendettas de nuestra naturaleza primaria frente a una serie de constructos sociales que se han tatuado en nuestro inconsciente. Crear, es no corresponder a toda esta naturaleza artificial, es un estado-individual liberado, un territorio pirata, fuera de. Es regresar a ese equilibrio indeterminado con los recursos del lenguaje o cualquier otro sistema que exprese, el color o la vibración. Usar esa herramienta lógica necesaria, en este caso el lenguaje, para la sociedad, pero no en su sentido determiando que es el de comunicar algo que es aceptado dentro de lo 'social', si no, usarlo en un estado más conflictivo contra esa normalidad lógica sistematizada. La escritura como forma de encuentro intuitivo con esa naturaleza despojada. El azar, el caos, lo impredecible como medio de autoreconocimiento individual y universal.

“Aprendí que el conocimiento y la inteligencia pueden ser sistemáticamente expandidos. Que el cerebro puede ser reprogramado.” 
― Timothy Leary ―.